Fue un sorpresón. Una noche inolvidable en la que la emoción y una dulce exaltación de la amistad invadieron sin cuartel mis pensamientos. Quién me iba a decir a mí, que un simple puding de cabracho y una nécora cocida del Marucho se iban a convertir en cuestión de minutos en casi un cuento de la factoría Disney, pero de los buenos, de esos que sólo se hacían antes, a mediados del siglo pasado.

Pasaban las ocho de la tarde cuando María, esa bendita preciosidad con la que comparto mi vida, mis anhelos y mis ilusiones, me comentó que antes de ir a cenar teníamos que pasar por mi estudio a imprimir unas cosas que necesitaban con urgencia ella y sus amigas para la mañana siguiente. "Estas chicas son la leche, siempre a última hora" pensé para mis adentros, pero como nos cogía de camino no puse mayor inconveniente. ¡Iluso de mi, cómo caí en el engaño!

Ya me extrañó que un viernes tarde casi no hubiera sitio en Juan José Pérez del Molino (hogar de Creando), donde, desde que el Ayuntamiento de Santander ha impuesto la OLA, siempre hay sitios de sobra, pero bueno en ese momento no le di mayor importancia. Tras aparcar nuestro coche en un diminuto hueco, me dirigí al estudio con la prisa que dan las tripas al rugir y a pocos metros de la puerta ya me olí que algo no encajaba, pues música y múltiples conversaciones salían del interior.  

Fue cruzar el umbral de la puerta y encontrarme de bruces con una de esas situaciones por las que merecen la pena las noches de insomnio, los embates de la Agencia Tributaria, e incluso el saber que todo depende de ti, que no hay un consejo de administración que a final de mes haga de que las nóminas pasen de ser una ilusión a una dichosa realidad.

"Han sido las chicas" dijo alguien con una sonrisa en la boca, "todo lo han organizado ellas" seguí escuchando mientras mi cabeza trataba de entender qué era aquello. Amigos, clientes, proveedores, mezcla de todo ello invadían con sonrisas y felicitaciones mi espacio vital y yo, casi en shock psicogénico, continuaba sin comprender demasiado bien qué estaba pasando. No quiero ni imaginarme mi cara en ese momento, sólo espero que al menos la dignidad no me abandonase.

Pasados los primeros instantes de incredulidad, alguien (no recuerdo bien quien) me explicó que todo aquel estallido de alegría y buen rollo era una fiesta sorpresa que Fátima y Gloria, las chicas del estudio, habían organizado para celebrar el decimocuarto aniversario de Creando, ese proyecto por el que un servidor y su socio, amigo y compañero Emmanuel Gimeno llevamos luchando ya más de catorce años.

"Coño con las chicas" pensé mientras acallaba mis tripas con la deliciosa comida que abundaba por las mesas de trabajo; "Esto sí que es una fiesta" juzgaba mi cabeza mientras acababa la primera cerveza de la noche. Luego llegó el vídeo homenaje (gracias Brian, o el relámpago cubano como dice mi buen amigo Jesús Sánchez), donde compañeros de profesión, clientes, proveedores y amigos conseguían sacarnos los colores y casi las lagrimas. Posteriormente nuestras palabras de agradecimiento, más comida y más bebida, y muchos buenos ratos, tantos que aún hoy, no consigo recordarlos todos.

Horas más tarde, ya en la cama, intentaba calmar mis emociones y repasaba todo lo acontecido esa maravillosa noche, volví a pensar en las chicas, ¡menudo par de fichajes!  Y justo antes de caer en los brazos de Morfeo decidí que tenia que agradecerlas públicamente el detalle de la fiesta, su trabajo y su nivel de excelencia a la hora de organizar festejos. De ahí, el motivo de este post, todo agradecimiento, todo emoción.

Fátima y Gloria, Gloria y Fátima, ese par de mujeres que con su trabajo, su energía y su buen hacer han conseguido poner en orden ese cajón de sastre que era Creando antes de su llegada, esa pareja de muchachas que con su constancia y su paciencia han hecho de nosotros mejores profesionales; ese dúo de compañeras que con su buena cabeza, su respeto y su sinceridad nos ponen los pies en la tierra cuando creemos volar, ese par de matriarcas que con su cariño y su alegría han logrado que nuestro estudio más que un lugar de trabajo sea la residencia habitual de la familia Creando.

Siempre me he sentido afortunado por la gente que me rodea; no soy de esos que tienen docenas de amigos, pero creo que tengo un sexto sentido (alguna veces algo oxidado eso sí) para elegir mis compañeros de viaje en eso llamado vida y por supuesto en mi labor profesional.

Primero llegó Fatima, discreta, responsable y con un corazón que no la cabe en el pecho. Una mujer todo terreno, que nunca tiene una mala palabra ni un mal gesto y que hace de la templanza su principal arma. Todo bondad, todo orden, ella y nadie más que ella fue la responsable de que gente como Daniel Gil, los "presos con causa" y los diseñadores gráficos de toda Cantabria tuviésemos el merecido homenaje que el año pasado se nos brindó en forma de exposiciones. Llegó para unos meses y nos conquistó de tal manera que Creando ya no sería lo mismo sin ella.

Posteriormente fue el turno de Gloria, esa catalana que entra día si y día también cantando al estudio (algo así no creo que se pueda llegar a comprar con dinero). Su desbordante alegría, su forma de entender el trabajo sin miedos y su inagotable energía, han terminado de ordenar Creando. Se ha adueñado de los números del estudio, ha hecho nuestra vida empresarial mucho más fácil y y ha acogido de buena gana la imponente responsabilidad que es poner banda sonora a las mañanas del estudio. Comenzó como becaria en practicas y su tesón y paciencia la han hecho indispensable.

Vaya pareja, dos profesionales del diseño (cada una en lo suyo) como la copa de un pino, el torbellino y la calma, la pausa y la espontaneidad, los números y las letras, un duplo que con sus actos y su lealtad han logrado entrar en mi imaginario particular de heroínas cotidianas. Nunca seré capaz de agradecerlas lo suficiente el que gracias a esa fiesta, ese espontáneo acto de cariño y honor de pertenencia, me sintiese por una noche el ser humano más afortunado de la tierra. 

¡Muchas gracias! ¡Jamas lo olvidaré!

P.D. No me gustaría despedir esta entrada del 17 sin agradecer la presencia de todos los amigos que se acercaron por la fiesta, y por supuesto de aquellos que pese a querer, no pudieron hacer acto de presencia. ¡Con gente así da gusto trabajar, aprender y vivir! ¡Muchas gracias también a todos!

Y por supuesto no me puedo olvidar del gran Emmanuel, mi socio y compañero de fatigas, sin él Creando no sería Creando, y yo no sería tan afortunado. ¡Gracias Coronel, a por otros quince!

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